Nunca somos tan vulnerables al sufrimiento como cuando amamos.
– Sigmund Freud –
El amor y el desamor han sido el centro de mi interés clínico desde la psicología. La experiencia de amar, así como la de perder o terminar un vínculo, no es solo un acontecimiento afectivo, sino una oportunidad privilegiada para el autoconocimiento y la evolución personal.
En la manera como amamos, elegimos y sufrimos en nuestras relaciones, se pone en juego gran parte de nuestra historia y de nuestra forma de estar en el mundo.
Comprendernos desde el amor y el desamor abre la posibilidad de evolucionar y de vivir con mayor conciencia y libertad.

El dolor no solo se padece: también puede pensarse. Y cuando algo se piensa, ya no se vive del mismo modo.

Dejar de pelear con la realidad para poder empezar a pensarla.

Comprender el lugar que se ocupa en el vínculo, elecciones, mandatos y conflictos.

Menos juicio, menos exigencia, más responsabilidad adulta.
Desde el psicoanálisis, el trabajo terapéutico consiste en detenerse a pensar lo que se repite, lo que duele y lo que insiste, incluso cuando no todo sea tan comprensible.
La terapia es un espacio para poner en palabras aquello que se actúa, se calla o se justifica. No desde el juicio sino desde la comprensión.
No hay recetas que se repitan en pacientes porque no hay dos personas ni dos realidades psíquicas iguales.
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